Iago Bitarishvili es una de las figuras clave detrás del renacimiento moderno del vino natural georgiano. Trabajando en un pequeño viñedo de 2 hectáreas en Kartli, fue uno de los primeros productores en volver a la elaboración tradicional de vino en qvevri a principios de los 2000, en una época en que la mayoría del país se había orientado hacia métodos industriales.
Su enfoque está casi completamente en Chinuri, una variedad autóctona georgiana que prospera en el Valle de Mukhrani. Las vides son viejas y se manejan con mínima intervención, pero el elemento definitorio es el uso de qvevri: grandes recipientes de barro enterrados bajo tierra donde el vino fermenta y envejece.
La influencia de Iago va mucho más allá de su pequeña producción. Fue el primer enólogo en Georgia en obtener la certificación libre de químicos en 2005 y ha sido una fuerza impulsora para devolver los vinos de qvevri tanto al enfoque local como internacional.
El proyecto es muy familiar. Su esposa, Marina Kurtanidze, elabora sus propios vinos junto a él, trabajando principalmente con Mtsvane, una variedad que ofrece una expresión más aromática y frutal en comparación con el Chinuri más estructurado de Iago.